Un motor conversacional canal-agnóstico con una configuración general: atiende, responde con IA y vende dentro del chat en tus tres canales. Cuando hace falta una persona, deriva de forma inteligente al vendedor correcto.
En Guatemala se vende por WhatsApp. No es un canal de soporte: es el mostrador. Y el problema de ese mostrador es que abre cuando la persona que contesta está despierta: los mensajes que entran a las diez de la noche o un domingo se contestan al día siguiente, cuando el cliente ya compró en otro lado. Contratar a alguien para cubrir esas horas casi nunca se justifica; perder esas ventas tampoco.
El bot de Petros atiende esa conversación de principio a fin. No es un menú de opciones: es un recorrido completo de compra. Saluda, muestra categorías, busca productos, enseña la ficha con su precio, arma el carrito, pregunta cantidades, ofrece retiro en local o envío a domicilio, pide los datos que faltan, cobra con un enlace de pago y deja la orden creada en el ERP con su inventario descontado.
Para el envío a domicilio, la dirección se arma con la cascada real del transportista: departamento, municipio y poblado, tal como los tiene la paquetería, y no como texto libre que después nadie puede procesar. Esa diferencia es la que separa un pedido que se puede despachar de uno que hay que llamar para aclarar.
Hay un detalle que muestra cuánto se aprende operando de verdad: el bot pregunta el teléfono cuando el identificador del chat no es un número. En Messenger e Instagram nunca lo es, y en WhatsApp tampoco cuando la persona escribe con nombre de usuario. Antes ese identificador terminaba guardado como teléfono del cliente, en la orden y en la guía impresa del transportista. Ahora, si hace falta un número para enviar, el bot lo pide; si el cliente retira en local, se puede omitir, porque trabar la venta sería peor.
Cuando el cliente pide hablar con una persona, el bot deriva la conversación a un agente disponible respetando el canal que atiende y su tope de conversaciones, y se queda callado. Y cuando no hay nadie, o fuera de horario, responde con la personalidad y la base de conocimiento que la empresa configuró, en lugar de repetir «no entendí».
Todo eso se configura sin tocar código: el modo de atención, el horario por día, la derivación a persona, las reglas por palabra clave, el mensaje para reenganchar conversaciones que quedaron a medias y a quién se le avisa por correo cuando algo necesita atención humana. Y una pestaña de análisis muestra el embudo real de las conversaciones: cuántas llegaron, cuántas vieron un producto, cuántas armaron carrito, cuántas pidieron una persona y cuánto esperaron, con la mediana y no sólo con el promedio, porque el promedio en esto miente.
Nadie del equipo está conectado. El cliente escribe igual, y esto es lo que ocurre sin que nadie intervenga:
| Concepto | Monto | De dónde sale |
|---|---|---|
| 21:02 · «hola» | Saludo y menú | Categorías, buscar o hablar con alguien |
| 21:04 · busca un producto | Ficha con precio | Del mismo catálogo del ERP |
| 21:06 · pide dos unidades | Carrito armado | Con el total actualizado |
| 21:08 · elige envío | Cascada de dirección | Departamento, municipio y poblado reales |
| 21:11 · confirma | Enlace de pago | Según los métodos configurados |
| 21:14 · paga | Orden creada | Con inventario descontado y lista para despachar |
El lunes a las ocho de la mañana hay un pedido pagado esperando que lo empaquen, no un mensaje sin leer. Y si el cliente hubiera abandonado el carrito en el paso del pago, quedaría registrado como pedido a medias, con su monto, para rescatarlo desde la bandeja por el mismo camino por el que lo dejó.
Ejemplo ilustrativo. La empresa es ficticia; las tasas, los decretos y las fórmulas son los que Petros aplica de verdad.
WhatsApp, Messenger e Instagram, con la misma lógica de conversación. Cada canal puede tener su propio comportamiento configurado, y la asignación a una persona respeta qué canal atiende cada agente.
Vende de verdad: recorre el catálogo, arma el carrito, toma los datos del cliente, resuelve la dirección de envío con la cascada del transportista, cobra con enlace de pago y deja la orden creada en el ERP con su inventario descontado.
La conversación se deriva a un agente disponible según el canal que atiende y su tope de conversaciones simultáneas, y el bot deja de responder para no atropellar al vendedor. Si la empresa no configuró agentes, la conversación queda a la vista en la bandeja para que alguien la tome.
Sí, y sin tocar código: el modo de atención, el horario por día, la derivación a una persona, las reglas por palabra clave, la personalidad y la base de conocimiento con la que contesta lo que no está en el guion, y el mensaje para reenganchar conversaciones que quedaron a medias.
Con la pestaña de análisis, que muestra el embudo real de las conversaciones por canal y por rango de fechas: cuántas llegaron, cuántas vieron un producto, cuántas armaron carrito, cuántas pidieron una persona —y cuántas la pidieron sin haber visto un solo producto—, cuánto esperaron, qué quedó sin atender, las horas de más movimiento, los carritos a medias con su monto y los temas más preguntados.
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