Define reglas de comisión por vendedor y deja que el sistema calcule automáticamente lo que le corresponde a cada quien. Las comisiones se liquidan sobre las ventas efectivamente cobradas, no sobre lo facturado, para premiar el cobro real.
La comisión es el punto donde más se desgasta la relación con un equipo de ventas, y casi nunca por el porcentaje: es por el cálculo. Cada fin de mes alguien arma una hoja, el vendedor arma la suya, los números no coinciden, y la conversación se va en reconciliar en lugar de en vender.
En Petros las comisiones se calculan sobre las ventas del período con las reglas configuradas, y quedan registradas como documentos con su estado: calculada, aprobada, pagada o anulada. Ese recorrido importa tanto como el número: separa el cálculo de la aprobación y de la liquidación, que son tres decisiones distintas y de personas distintas.
El cálculo se corre por período y se puede revisar al detalle antes de aprobar nada: qué ventas entraron, con qué monto, y cuánto genera cada una. Aprobar es un acto explícito, no una consecuencia automática de que el mes haya terminado.
La pantalla está restringida a administración y gerencia, porque las comisiones de todo el equipo son información sensible. Y toda acción pasa por el mismo camino controlado de cálculo, aprobación, pago y anulación, sin atajos que dejen un pago registrado sin su cálculo.
Lo que hace que esto funcione no es la fórmula sino la fuente: las comisiones salen de las mismas ventas que el resto del sistema. Mientras la comisión se calcule sobre un reporte aparte, siempre habrá dos versiones de la verdad, y la discusión de fin de mes es inevitable.
Conviene además pensar qué se premia, porque una comisión es un incentivo y los incentivos se cumplen al pie de la letra. Una comisión sobre la venta bruta premia vender caro y también vender con descuento propio si el vendedor lo puede dar; una sobre el margen premia cuidar el precio; y una sobre lo cobrado —y no sobre lo facturado— premia vender a quien paga. Esa última distinción es la que más ordena una cartera en un negocio que vende al crédito.
Por eso el registro importa tanto como el cálculo. Cuando cada liquidación queda con su detalle, su aprobación y su fecha de pago, se puede mirar el esquema hacia atrás y preguntarse si está premiando lo que el negocio necesita hoy. Un esquema de comisiones que nunca se revisa termina premiando lo que el negocio necesitaba hace tres años, y nadie se da cuenta porque las liquidaciones siguen saliendo todos los meses.
Tres momentos distintos que en una hoja de cálculo son uno solo, con las consecuencias conocidas:
| Concepto | Monto | De dónde sale |
|---|---|---|
| Calcular | Lo hace el sistema | Sobre las ventas del período |
| Revisar | Lo hace administración | Con el detalle venta por venta |
| Aprobar | Es un acto explícito | Con su responsable |
| Pagar | Otro momento | Puede ir con la planilla |
| Anular | Deja rastro | No borra el registro |
| Todo junto en una hoja | Sin trazabilidad | Nadie sabe quién aprobó qué |
Cuando calcular y pagar son el mismo acto, el error se descubre después del pago y ya no hay forma elegante de corregirlo. Separarlos cuesta un clic más al mes y evita la conversación más incómoda que existe con un vendedor: pedirle que devuelva algo.
Ejemplo ilustrativo. La empresa es ficticia; las tasas, los decretos y las fórmulas son los que Petros aplica de verdad.
Sobre las ventas registradas en el período, con las reglas configuradas para cada vendedor. Al salir de las mismas ventas que el resto del sistema, no hay dos versiones del número que después haya que conciliar.
Administración y gerencia. Las comisiones de todo el equipo son información sensible, y por eso la pantalla está restringida a esos roles en lugar de estar abierta a cualquiera que tenga acceso a ventas.
Calculada, aprobada, pagada y anulada. Separar el cálculo de la aprobación y del pago es lo que permite saber quién autorizó cada liquidación y corregir antes de pagar, no después.
Sí, el detalle muestra qué ventas entraron en el período, con su monto y con lo que genera cada una. Aprobar es un acto explícito y se hace después de mirar ese detalle, no automáticamente al cerrar el mes.
Se anula, con su estado propio y dejando el rastro, en lugar de borrar el registro. Un pago sin su cálculo o un cálculo que desaparece son exactamente las dos cosas que vuelven imposible auditar una liquidación.
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