Administra a tu equipo y lo que cada persona puede hacer: usuarios con roles y permisos granulares por módulo, en lectura o escritura. Roles listos como administrador, gerente, cajero, técnico o bodeguero, y control fino para ajustar quién entra a qué. Tu ERP, con las puertas correctas para cada quien.
En un negocio chico todos usan el mismo usuario, y eso funciona hasta el día en que deja de funcionar: cuando hay que saber quién anuló una venta, cuando alguien cambia un precio que no debía, o cuando se va un empleado y hay que cambiarle la contraseña a todo el mundo. Los accesos no son burocracia: son lo que permite delegar sin perder el control.
En Petros cada persona tiene su usuario, su rol y su sede. Los roles son dinámicos: se definen en el propio sistema, con el detalle de qué puede ver y qué puede modificar en cada módulo, y no están congelados en una lista hecha por el fabricante. Un negocio puede necesitar un rol que otro no, y eso se resuelve sin cambiar el producto.
El permiso tiene dos niveles —lectura y escritura—, y esa distinción es más importante de lo que parece. Un cajero puede necesitar consultar el inventario sin poder editarlo; un contador puede necesitar ver todas las ventas sin poder anularlas. Con un permiso único de «acceso sí o no», la única salida es darle a alguien más poder del que necesita.
Además del permiso, el sistema exige que toda modificación —crear, editar, borrar— tenga permiso de escritura explícito, y no sólo de lectura. Esa regla se aplica de forma general y no módulo por módulo, que es la única manera de que no queden agujeros en la pantalla que alguien olvidó proteger.
Y del lado práctico, el alta y la baja de personal son operaciones del día a día: se pueden dar de alta varios usuarios, importarlos y exportarlos, y desactivar a quien ya no trabaja en lugar de borrarlo, para no perder el rastro de lo que hizo mientras estuvo. Un usuario desactivado deja de poder entrar en cuestión de segundos, aunque tenga la sesión abierta.
Situaciones reales en las que un permiso de «acceso sí o no» obliga a dar de más:
| Concepto | Monto | De dónde sale |
|---|---|---|
| Cajero e inventario | Sólo lectura | Consulta existencias, no las edita |
| Contador y ventas | Sólo lectura | Ve todo, no anula nada |
| Bodeguero e inventario | Escritura | Ajusta y traslada |
| Gerente y precios | Escritura | Puede cambiar lo que se cobra |
| Con permiso único | Todos con escritura | O todos sin acceso |
| Usuario dado de baja | Pierde el acceso | Y conserva su historial |
Cuando el permiso es binario, la salida práctica siempre es la misma: darle escritura a todo el mundo, porque negar el acceso bloquea el trabajo. Y ahí ya no hay control: hay una lista de usuarios que hace exactamente lo mismo que un usuario compartido.
Ejemplo ilustrativo. La empresa es ficticia; las tasas, los decretos y las fórmulas son los que Petros aplica de verdad.
Se definen en el propio sistema, con el detalle de qué puede ver y qué puede modificar cada uno en cada módulo. No están congelados en una lista del fabricante: un negocio puede necesitar un rol que otro no.
Leer es consultar; escribir es crear, editar o borrar. La distinción permite que un cajero consulte el inventario sin poder alterarlo o que un contador vea las ventas sin poder anularlas, en lugar de tener que darle todo el poder para que pueda trabajar.
Pierde el acceso en cuestión de segundos: el sistema revalida que el usuario siga activo mientras navega, no sólo al iniciar sesión. Y su historial se conserva, porque se desactiva en lugar de borrarse.
Sí: cada usuario se vincula a una sede, y eso determina qué inventario, qué caja, qué ventas y qué órdenes ve y opera. El permiso por rol y la sede funcionan juntos.
Sí, con acciones en lote e importación desde archivo, además de la exportación del listado. Es lo que hace manejable el alta de personal en un negocio con rotación.
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