El centro de operación de tu tienda: acá aterrizan los pedidos web con su dirección de entrega, método de pago, estado y envío. Sigues cada orden desde que entra hasta que sale, sin perder de vista qué falta preparar ni qué está en camino.
Un pedido en línea no termina cuando el cliente paga: ahí empieza. Hay que confirmarlo, prepararlo, empacarlo, emitir la guía, despacharlo, rastrearlo y, si fue contra entrega, cobrar el dinero que la paquetería recibió. Cuando ese recorrido se lleva entre una hoja de cálculo y el portal del transportista, los pedidos se pierden de a uno y siempre se descubren por el lado del cliente que reclama.
La pantalla de órdenes de Petros es donde vive ese recorrido completo. Cada pedido muestra de dónde vino —tienda, chat, mostrador— e incluso desde qué país se hizo la compra, con el dato resaltado cuando no coincide con el país de la empresa, que es una señal útil de fraude. Y cada acción que ya se hizo queda marcada en la propia fila, para no repetirla.
Desde ahí se emite la guía del transportista con la dirección del pedido, incluso cuando el envío va en varias piezas, y se ve el rastreo con sus eventos. La entrega propia también se maneja acá, con su reparto, su evidencia de entrega y sus fotos o firma, para los negocios que reparten con su propia gente en vez de con paquetería.
Hay un cuidado que atraviesa toda la pantalla: no adivinar. Los modales dicen qué falta en lugar de fallar en silencio; anular una orden le avisa al cliente; y la vista de empaque muestra lo que de verdad sigue en la bodega, distinguiendo lo que el transportista marcó como en tránsito sin haber pasado a recogerlo.
Y el dinero se sigue hasta el final. Un pedido contra entrega no está cobrado cuando se entrega: está cobrado cuando la paquetería deposita. Esa distinción se mantiene en toda la suite, y es lo que hace que el dinero por liquidar sea un número real y no una ilusión de caja.
Un pedido de interior del país, pagado al recibir. Los estados por los que pasa y qué significa cada uno para la caja:
| Concepto | Monto | De dónde sale |
|---|---|---|
| Pedido confirmado | Sin dinero todavía | Se reserva la mercadería |
| Empacado | Sigue en bodega | Aunque la guía ya exista |
| Guía emitida | Marcado «en tránsito» | Pero aún sin recolectar |
| Recolectado | Sale de la bodega | Ahí sí va en camino |
| Entregado | El cliente pagó al mensajero | El dinero es de la paquetería |
| Liquidado | La paquetería deposita | Ahí entra el dinero al negocio |
Los dos renglones que casi todos los sistemas se saltan son el tercero y el último. Confundir «guía emitida» con «despachado» hace que la bodega pierda pedidos, y confundir «entregado» con «cobrado» infla la caja durante días con dinero que todavía está en poder del transportista.
Ejemplo ilustrativo. La empresa es ficticia; las tasas, los decretos y las fórmulas son los que Petros aplica de verdad.
Sí: los de la tienda en línea, los que cierra el bot en una conversación y los cargados a mano. Cada pedido muestra su origen, y también el país desde el que se hizo la compra, resaltado cuando no coincide con el país de la empresa.
Sí, con la dirección que ya trae el pedido, incluso cuando el envío va en varias piezas. También se puede rastrear con los eventos del transportista sin salir de la pantalla.
La entrega propia se gestiona en la misma pantalla: se asigna el reparto y queda la evidencia de la entrega, con foto o firma, para los negocios que no usan paquetería.
Con la vista de empaque, que distingue lo que sigue en la bodega de lo que el transportista ya marcó como en tránsito por haber registrado la emisión de la guía. Esa diferencia es la que hace que no se pierdan pedidos en el mostrador de la bodega.
Cuando la paquetería deposita el dinero, no cuando entrega el paquete. Hasta entonces queda como pendiente por liquidar, que es dinero por cobrar al transportista, y así la caja no se infla con plata que todavía no llegó.
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