Define una sola vez cada servicio con su precio, su margen, la duración estimada y el nivel de habilidad que requiere. Cotizas y asignas más rápido, con criterios uniformes en todo el equipo.
En los negocios de servicio, el precio de la mano de obra es lo más improvisado que hay. Cada técnico cobra lo que recuerda, cada cotización sale distinta, y cuando el cliente pregunta por qué esta vez salió más caro, nadie tiene una buena respuesta. La consecuencia no es sólo la inconsistencia: es que el trabajo casi siempre se cobra por debajo de lo que vale.
El catálogo de servicios es la respuesta simple a ese problema: cada servicio con su nombre, su descripción y su precio, listo para cargarse a una orden de taller, a una visita de campo o a una cotización. El precio deja de depender de quién atienda y de qué recuerde ese día.
Tener el catálogo ordenado tiene un efecto que no se anticipa: obliga a nombrar lo que se hace. Muchos negocios de servicio descubren, al armarlo, que están prestando servicios que nunca cotizaron formalmente y que están regalando trabajos que dan por sentados —un diagnóstico, una revisión, un traslado— simplemente porque nunca tuvieron un renglón donde ponerlos.
Desde el catálogo, el servicio entra a la orden con su precio, y ahí se puede ajustar cuando el caso lo amerita. La diferencia con improvisar está en el punto de partida: se ajusta un precio definido, y esa diferencia queda visible, en lugar de inventar un número desde cero cada vez.
Y como la mano de obra queda separada de los repuestos, se puede medir lo que de verdad importa en un negocio de servicio: cuánto del ingreso viene del trabajo propio y cuánto de revender piezas. Son dos negocios con márgenes distintos, y mezclarlos esconde cuál de los dos está sosteniendo al otro.
Un taller que factura Q100,000 en un mes, separando lo que cobró por trabajo y lo que cobró por piezas:
| Concepto | Monto | De dónde sale |
|---|---|---|
| Mano de obra | Q 40,000 | Del catálogo de servicios |
| Repuestos | Q 60,000 | Revendidos con su margen |
| Margen del trabajo | Alto | El costo es el tiempo del técnico |
| Margen de los repuestos | Bajo | Se compite con el precio del mercado |
| Comisión del técnico | Sobre los Q40,000 | Su aporte real |
| Decisión que habilita | Dónde crecer | Más trabajo o más venta de piezas |
Mientras los dos números viven juntos, el taller cree que le va bien porque factura cien mil. Separados, la conversación cambia: se puede decidir si conviene crecer en trabajo —donde el margen es alto y el límite es el tiempo— o en venta de piezas, donde el margen es bajo y el límite es el capital.
Ejemplo ilustrativo. La empresa es ficticia; las tasas, los decretos y las fórmulas son los que Petros aplica de verdad.
Para que la mano de obra tenga un precio definido y no dependa de quién atienda ni de lo que recuerde ese día. El servicio se carga a una orden o a una cotización con su precio, y el ajuste puntual queda visible.
Sí. El precio del catálogo es el punto de partida y se puede ajustar cuando el caso lo amerita. La diferencia con improvisar es que se parte de un número definido, no de cero.
Porque son dos negocios con márgenes distintos. Separados se puede saber cuánto del ingreso viene del trabajo propio y cuánto de revender piezas, que es la información con la que se decide dónde crecer. Además, la comisión del técnico se calcula sobre la mano de obra.
En las órdenes de taller, en las visitas de servicio en campo y en las cotizaciones. Es la misma lista de servicios para los tres caminos, así que un cambio de precio se aplica en todos.
Casi siempre descubre servicios que está prestando y no cobra —diagnósticos, revisiones, traslados— simplemente porque nunca tuvo un renglón donde ponerlos. Ordenar el catálogo suele ser la forma más rápida de subir la facturación sin trabajar más.
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