Gestiona tus órdenes de producción en un tablero Kanban: materiales, mano de obra, control de calidad y bitácora en cada orden. Comparas el costeo real contra el estimado para saber qué tan bien salió cada corrida.
Un negocio que fabrica tiene un problema que uno que revende no tiene: su costo no viene en una factura. Se arma con materiales, con tiempo de trabajo y con desperdicio, y si esas tres cosas no se registran cuando ocurren, el costo del producto terminado es una estimación que nadie puede defender. Y sobre esa estimación se fija el precio de venta.
La orden de manufactura de Petros registra esos tres componentes a medida que pasan. Los componentes se consumen contra la orden desde el inventario, las operaciones registran el tiempo que de verdad tomó cada paso, y la producción terminada entra al inventario como producto terminado, con su merma declarada por separado.
Esa separación entre lo producido y lo desperdiciado es lo que hace que el costeo signifique algo. Un lote que rinde noventa unidades buenas y diez de scrap no cuesta lo mismo por unidad que uno que rinde cien, y esa diferencia se pierde por completo cuando sólo se registra el total que salió.
La lista de materiales define qué lleva cada producto, así que la orden sabe de entrada qué debería consumir, y al cerrarla se puede comparar contra lo que consumió realmente. Esa comparación es el indicador más útil de una planta pequeña: dice si la merma está donde se supone o si se está yendo material por otro lado.
Y al final queda el costeo real de la orden: lo que esas unidades costaron de verdad, con sus materiales y su tiempo. Ese número es el que debería alimentar el precio de venta y el margen, en lugar del costo teórico que se calculó una vez, cuando el producto se diseñó, y que nadie volvió a revisar.
El mismo producto, la misma cantidad planificada, dos resultados diferentes que sólo se distinguen si la merma se declara:
| Concepto | Monto | De dónde sale |
|---|---|---|
| Lote A · planificado | 100 unidades | Con su lista de materiales |
| Lote A · producido | 100 buenas | Sin desperdicio |
| Lote B · producido | 90 buenas | 10 de merma declarada |
| Material consumido | Prácticamente igual | En ambos lotes |
| Costo por unidad buena | Mayor en el lote B | El mismo material entre menos unidades |
| Sin declarar la merma | Los dos se ven iguales | Y el costo del B queda subestimado |
Si la merma no se declara, los dos lotes parecen idénticos y el costo unitario promedio esconde el problema. Y como el precio de venta se fija sobre ese costo, el negocio termina vendiendo el lote malo con un margen que cree tener y no tiene.
Ejemplo ilustrativo. La empresa es ficticia; las tasas, los decretos y las fórmulas son los que Petros aplica de verdad.
La definición de qué componentes y en qué cantidades lleva cada producto fabricado. La orden la usa como referencia de lo que debería consumir, y al cerrarla se puede comparar contra lo que consumió de verdad.
Sí, los componentes se consumen contra la orden desde el inventario real, con su movimiento registrado. Y lo terminado entra como producto terminado, de modo que la fabricación no es un agujero en el inventario sino una transformación registrada.
Porque el costo por unidad buena depende de cuántas salieron buenas. Dos lotes que consumieron el mismo material pero produjeron cantidades distintas no cuestan lo mismo por unidad, y sin declarar el desperdicio esa diferencia desaparece del costeo.
Sí, por operación: cada paso del proceso reporta el tiempo real que tomó. Junto con el material, es el otro componente del costo real de la orden.
Para fijar el precio de venta y calcular el margen con el costo verdadero y no con el costo teórico que se calculó cuando se diseñó el producto y que nadie volvió a revisar después de que cambiaran los precios de los insumos.
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